Conversación con Ariel Orozco
- Entrevistado: Ariel Orozco
- Fecha: 1 de diciembre de 2025
- Hora: 18:55 EST
- Lugar: Conversación registrada para 90 Millas Art Space
- Entrevistan: 90 Millas Art Space (Pedro)
- Duración: 02:31:30
90 Millas Art Space:
Ariel, mi hermano, qué bueno tenerte aquí. Vamos a dejarnos de formalismos porque tú y yo. somos del mismo barro. Sé que has pasado por todo: el éxito repentino, la crisis, el silencio y ahora esta etapa de madurez en la Florida. Quiero que hablemos a calzón quitado, como hacemos siempre, de esa alquimia tuya y de cómo ves el arte hoy.
Ariel Orozco:
Dale, compadre, vamos a darle. Tú sabes que a mí me gusta hablar desde la experiencia, sin mucha «metatranca» teórica.
Pregunta: Para que la gente se ubique, ¿dónde estás viviendo ahora y cómo es tu espacio de trabajo?
Ariel Orozco:
Ahora mismo estoy en Florida, viviendo la realidad de muchos cubanos cuando llegamos: chocando con los límites del espacio. Vivo en un efficiency (un estudio pequeño).
No tengo un gran taller ni un estudio soñado. Tengo una mesa. Eso es todo. Y ahí es donde trabajo.
Como no tengo espacio físico, estoy haciendo collages con revistas de publicidad, esas que te venden yates y casas de lujo, trabajando con la ironía de lo que no tengo. Pero estar cerca del mar me conecta, porque en la Ciudad de México el mar me quedaba lejísimo. Es una etapa de adaptación y de crear con lo que tengo a la mano.
Pregunta: Acabas de tener una exposición importante en «Dimension Variable». Cuéntame de eso.
Ariel Orozco:
Sí, fue un privilegio trabajar con Leyden y Frances en Dimension Variable, porque ellos no te ponen límites. La exposición se llamó «Ángulos de Incredulidad» y surgió de mis vivencias aquí.
Hice piezas muy mínimas. Por ejemplo, una bandera cubana que es 99% luz y 1% imagen; es una proyección de luz blanca donde apenas se intuye el triángulo si te fijas bien.
También hice una pieza llamada «Soles». Un día que fui a comprar materiales vi unas regletas de círculos verdes tipo plantilla. Aquí en EE.UU. todo es tan ordenado y nadie se sale del molde, sentí la necesidad de liberar esos círculos. Los recorté y los dejé caer en la orilla del cristal de la galería, conectando el adentro y el afuera.
Otra de las obras es «Eso»: dos cristales, uno reflejante y otro transparente (tipo museo). En uno te ves y en el otro desapareces. Es una exploracion de la transparencia, el reflejo y el observador. Una aproximación a qué es real y quien es el que ve.
Pregunta: Tuviste un inicio de carrera que parece de película. Cuéntame de ese momento en México y la feria con Tony Shafrazi.
Ariel Orozco:
Fue una locura. Yo tenía 25 años, acababa de llegar de Cuba, no me había graduado del ISA y nunca había vendido una obra. Mi galerista (Gonzalo Méndez) confió en mí y me llevó a la feria Art Basel Miami, a una sección llamada Art Container.
De pronto aparece Tony Shafrazi, este personaje mítico que descubrió a Basquiat y Keith Haring, el tipo que vandalizó el Guernica. Llega al stand, mira todo y dice: «Dime cuánto cuesta todo lo que hay aquí. Hazme una lista que me lo llevo todo y luego se fue. Después regresó con varios coleccionistas muy importantes que compraron muchas piezas. Sabes cómo funciona este asunto del mercado. Una vez que te compran ciertos coleccionistas otros sienten el impulso de seguir sus pasos».
Fue un shock. Vendí ediciones completas, como 40 y pico de obras en una semana. A raíz de esto se abrieron muchas oportunidades, comencé a viajar a París, Italia, Nueva York, Australia, exposiciones por todo el mundo.
Pero en 2008 vino la crisis mundial y todo bajó. Y ahí me di cuenta de que mi carrera estaba agarrada por los pelos. Todo había pasado demasiado rápido y yo no tenía la madurez ni la investigación de fondo para sostener eso. Pasé de la euforia a una depresión creativa que duró casi 3 años. Me sentía como si hubiera sido arrastrado por esta inercia.
Pregunta: ¿Cómo saliste de ese hueco creativo de 3 años? Me contaste algo sobre una azotea y un gato.
Ariel Orozco:
Fue un momento decisivo. Una galería de Roma me pidió una exposición y yo les pedí un año para pensar, porque no quería repetirme. Estaba bloqueado, intentando forzar los procesos como si fuera un obrero que va al taller a producir tornillos. Y eso no me funcionaba y me frustraba. Esta fue una época en la que me incliné hacia la literatura espiritual y empecé a leer sobre budismo. No meditaba pero quizás fui movido hacia ahí porque buscaba algún tipo de respuesta más profunda. Algo que le diera sentido a todo no solo a los procesos del arte.
Me subía al techo de la casa a pensar y a pasar el tiempo a veces solo mirando o leyendo sin buscar nada. Un día, vi pasar un gato negro corriendo con algo en la boca, pero pasó tan rápido que no pude ver qué llevaba. Esa incertidumbre, ese misterio, me hizo un click. Ese fue el principio de una racha creativa. Fui dando paso más a la observacion que a producir deliberadamente. Con el tiempo me di cuenta que cuando buscaba todo se volvía a bloquear otra vez. Empecé a entender como es que funcionaba mi cabeza y mi relación con la creatividad. Vi muy claro que el arte no es un «Que» sino un «Como» y que uno solo debe aprender a conocerse y a conectarse con el que observa. Mi guia o mi criterio fueron más las sensaciones y los sentimientos que la parte intelectual. Si algo no resonaba con mi vida o lo que sentía en ese momento lo dejaba de lado. La idea de (taller) y de (artista) fueron cambiando. Me liberé (si puedo decirlo así) del arte como un trabajo. Solo hacia cosas cuando estaba conectado y cuando no lo estaba no hacía nada. De ahí nació la pieza «Peces»: una pecera redonda llena de tinta china negra hasta el nivel del agua. No ves peces, pero están ahí, en un universo de infinitas posibilidades. Si meto un pincel y pinto un pez, ya limité la obra a una forma. Pero en la tinta, están todos los peces y todas las formas posibles, nadando en la abstracción. Ahí entendí que tenía que dejar de esforzarme y empezar a abrirme.
Pregunta: Tienes una visión muy particular sobre los materiales y la pintura, como en la serie «Yo te amo más».
Ariel Orozco:
Tuve una formación como pintor como muchos cuando empezamos en el arte pero nunca me ha dado por seguir el curso natural del oficio. Uso la pintura más como material que como un medio para representar. Esa serie de la que hablas surgió de una ruptura amorosa.
Pinto dos cuadros de colores puros (uno blanco y uno negro, por ejemplo), les pongo mucha pintura y, estando frescos, los pego con prensas uno contra otro. Los dejo secar un tiempo y luego los separo a la fuerza.
Al separarlos, uno le arranca un pedazo al otro. A veces se rompen. Hay una serie de cosas pasando en ese proceso que se van de mi control. Mientras los cuadros están pegados son más como una caja de regalo. No tengo idea de lo que me voy a encontrar. Eso me fascinaba. Aquí la pintura habla desde su química, similar al proceso de conocer a alguien. Hay una dimensión abstracta y simbólica coexistiendo. Lo que más disfruto de este proceso es la mínima intervención que tengo para que ocurra la obra. Yo ahí no soy el autor, soy más como un «celestino» que presenta dos colores y deja que suceda el accidente. Me interesa la alquimia, no la representación.
Pregunta: Ariel, tú te niegas a tener un «estilo» reconocible. ¿Por qué esa pelea con el estilo?
Ariel Orozco:
El estilo es una herencia de la modernidad que el mercado usa para venderte como una marca. Es como ir a la heladería y que te obliguen a pedir siempre helado de chocolate. ¿Y si hoy quiero de guanábana?
Siempre he tenido la impresión que el estilo es antinatural. Lo natural es ser voluble aunque no creo que exista tal cosa como la contradiccion. La coherencia está sobrevalorada, la veo más en maestros iluminados o en ecuaciones matemáticas. Ser consecuente o coherente debe ser algo a lo que llegas por accidente. Veo más natural cambiar según vas viviendo, sintiendo y pensando sin la pretensión de ser el mismo todo el tiempo. Es muy difícil tener una idea exacta sobre lo que te define. Trato que mi obra sea un espejo y no un retrato. Me gusta moverme de las zonas viciadas dentro de mi investigación aunque si creo que hay algo no visual que conecta todo lo que voy haciendo. Hoy hago dibujos y collage porque solo tengo una mesa. Mañana, si vivo frente al mar, a lo mejor pinto veleros. ¿Por qué no? La fidelidad se la debo más a las circunstancias, no a una etiqueta impuesta por el mercado. He tenido etapas en las que he estado concentrado solo en dibujar y vendía regularmente pero con el tiempo dejaba de disfrutarlo entonces surgía alguna idea que me absorbía y me ponía para otra cosa.
Pregunta: ¿Qué le dices al chamaco que está empezando y quiere el éxito ya?
Ariel Orozco:
Le diría que esta es una carrera lenta, muy lenta. Hay dos caminos: el corto y el largo.
El camino corto lleva etiqueta, estilo, personaje y esteategia. Desarrollas una idea de forma predecible y eso va creando conciencia desde lo formal y lo conceptual. En cualquiera de los casos es difícil y lleva mucho tiempo y ocio, mucha investigación. Debes encontrar algo que sea natural en ti y desarrollarlo. Aunque la repetición o fijación puede ayudar creo que es más nutritivo al principio dejarse llevar y evitar los guiones demasiado fabricados. Darse espacio para degustar aspectos de ti que no conocerias si tienes una narrativa creada. Digo que es un camino largo porque al mercado no le gustan los cambios bruscos de dirección. Y ahora me cuesta pensar: que parte del mundo del arte no está regido por el mercado. El camino largo es el de los románticos, el de los intensos. Es bajar la escalera dando tumbos. Un día estás arriba, otro abajo. La inestabilidad te despierta porque a veces la comodidad puede estancarse en ideas fijas. Lo que quiero decir es que cuando se está abajo es un buen lugar incluso puede ser muy inspirador. Si eres constante y no pierdes el entusiasmo cada cosa que te sucede se convierten en «arcilla para la creación» como decía Borges.
En últimas no hay un lugar donde llegar cuando estás disfrutando lo que haces y todo es relativo, el éxito y el fracaso. Hay que aprender a surfear esas olas y concentrarse en lo que estás haciendo en ese momento. El reconocimiento llegará o no, eso no lo sabes pero sigues adelante. Eso te da perspectiva y mucha más libertad y te abre a la experimentación. La obsesion por llegar eventualmente se vuelve un obstáculo. Si tienes un techo, comida y tiempo ya eres exitoso.
Les digo: Busquen sus referentes no solo en la historia del arte sino tambien en la vida. El arte está en la sonrisa de la viejita que te vende una quesadilla, en cómo te entrega el taco que te vas a comer o en las coincidencias y sincronias de la vida. Ahí hay más verdad y belleza que en cualquier libro de arte.
Vivimos en este mundo bello y loco y obviamente somos un reflejo de todo lo que está sucediendo afuera porque somos parte de el. Todo esta condicionado por la política pero algo que puede servir de brújula es el criterio de que una idea por muy buena que sea sin la solución, es solo una buena idea. El discurso no debería ser más grande que la obra. Hay soluciones muy simples para ideas profundas y soluciones muy elaboradas para ideas simples.
La mente es un editor pero darle demasiado protagonismo mientras conectas con algo puede bloquear la luz natural de las cosas. Si para hacer una obra tienes que pensar demasiado o tienes que forzar el proceso esa misma sensación te dirá si vas por buen camino. El trayecto puede ser directo, curvo o retorcido pero si no lo disfrutas algo no está bien y es hora de cambiar de canal.
90 Millas Art Space:
Ariel, compadre, me has dejado la cabeza volada. Gracias por tanta verdad y por recordarnos que el éxito real es tener esa hora para crear y ser fiel a uno mismo.
Ariel Orozco:
Gracias a ti. Al final, lo único que queda es eso: la honestidad con lo que uno hace. Un abrazo grande.
Frases Destacadas (Enfoque en el Arte y la Filosofía)
🧠 Sobre la Mente y la Creación
«La mente es un gran editor, pero no es un creador. En la mente todo es viejo, es archivo. Lo nuevo surge de la accidentalidad y de la ‘no-mente’. El arte no es algo que haces, es algo que te sucede cuando estás listo.»
«Esa pecera llena de tinta china negra es un universo de infinitas posibilidades. El plural de una palabra indica el infinito, pero ‘un millón de peces’ tiene límite. Prefiero la potencia de lo que no se ve a la limitación de lo representado.»
«El estilo es una herencia de la modernidad que el mercado usa para comprar una marca en lugar de libertad. Es antinatural. Lo natural es ser un ser contradictorio que cambia según sus circunstancias.»
«Un artista no es un obrero que tiene que ir al taller a producir. El artista se parece más a un médium: se prepara, respira, conecta con una energía y canaliza cosas de otro mundo hacia este.»
«Hay que dejar de buscar los referentes en la historia del arte y buscarlos en la vida. Hay más arte en la sonrisa de una viejita vendiendo quesadillas que en muchos museos.»
«Para mí, cada objeto es un embajador de tu alma. A la hora de utilizarlo en una obra, tiene que haber una veneración, pero mezclada con cierta anarquía para desdoblarlo y convertirlo en algo más sin que pierda su esencia.»
«En mis pinturas de dos colores que se pegan y se arrancan, yo no soy el autor. Yo soy un ‘celestino’, alguien que presenta a dos personas (colores) y después no tiene control de lo que va a suceder entre ellos.»
«Hay artistas verticales, que edifican sobre una sola losa, como quien baila un danzón en un ladrillo. Yo me considero un artista horizontal; voy caminando y haciéndome camino hacia los lados, hacia atrás, cambiando según el terreno.»
«El arte es como la indefinición de un aroma: pasa alguien, hueles un perfume y te emocionas, pero no sabes de quién vino. El arte te sumerge en lo profundo de algo tan misterioso que no puedes hacer más que rendirte.»
«Entendí que la cuestión no era buscar, sino abrirse. Si intentas buscar la idea, se te aleja como la zanahoria del caballo. El arte no es un trabajo, es una accidentalidad parlante que te conduce cuando dejas de esforzarte.»