Siete nociones sociologicas para el artista latinoamericano:
Biopolitica
Cuando el cuerpo se vuelve territorio politico
En 1976, Michel Foucault propuso que el poder en las sociedades modernas habia cambiado de naturaleza. Ya no se ejerce principalmente a traves del derecho de matar sino a traves del poder de administrar la vida: regular la reproduccion, clasificar los cuerpos, decidir cuales vidas merecen proteccion y cuales son prescindibles. A ese nuevo regimen lo llamo biopolitica.
Para el arte latinoamericano, este concepto no es una abstraccion teorica. Es una descripcion de la realidad cotidiana. En un continente donde la violencia del Estado sobre ciertos cuerpos ha sido sistematica y documentada, el cuerpo es inevitablemente un campo de disputa politica antes de ser un tema estetico.
El cuerpo en el arte latinoamericano no es solo materia prima estetica. Es el primer territorio donde el poder decide quien vive y quien no.
La obra de Teresa Margolles es el ejemplo mas radical y mas incomodo de biopolitica en el arte mexicano contemporaneo. Margolles trabajo en la morgue de Culiacan antes de ser reconocida como artista. Ese origen no es anecdotico: le dio un conocimiento corporal, literal, de lo que le sucede a los cuerpos que el Estado decide no proteger. En PM 2010, las telas empapadas en agua de lavado de cadaveres no representan la violencia: la contienen materialmente. El cuerpo del narcomuerto, del migrante, del pobre urbano, el cuerpo que la guerra decide sacrificar, entra al espacio del arte sin ser estetizado, sin ser convertido en imagen consumible.
Desde Cuba, Ana Mendieta articula la biopolitica desde la experiencia del exilio y del cuerpo femenino. Enviada a los doce anos a Estados Unidos en el programa Operation Peter Pan, su cuerpo queda atrapado entre dos sistemas politicos que lo reclaman y ninguno lo cuida. La serie Silueta, iniciada en los anos setenta, es la respuesta formal a esa condicion: impresiones de su propio cuerpo en tierra, arena, nieve, fuego. El cuerpo inscrito en paisajes que no lo esperaban, que no lo reconocen como propio. Foucault describe el cuerpo como territorio donde el poder se inscribe; Mendieta responde inscribiendo su cuerpo en la tierra como acto de recuperacion de lo que el poder le nego.
En Argentina, el arte del periodo dictatorial 1976-1983 es quiza la expresion mas directa de biopolitica en el arte latinoamericano del siglo XX. El Grupo de Arte Callejero y, antes, el movimiento Tucuman Arde en 1968, operaron en los limites de lo que el Estado permitia y no. Pero la obra que condensa con mayor precision la biopolitica argentina es la de las Madres de Plaza de Mayo: la silueta humana dibujada en las paredes de Buenos Aires durante los anos del terror, figura de presencia en la ausencia, cuerpo que el Estado habia decidido desaparecer y que el arte devuelve al espacio publico como acto de resistencia. Guillermo Kuitca, ya en democracia, retoma esa logica en sus mapas pintados sobre colchones: la cartografia como instrumento de poder sobre los cuerpos, el cuerpo domestico como territorio politico.
En Colombia, Doris Salcedo opera desde la misma urgencia que Margolles pero con una estrategia formal radicalmente distinta. Sus sillas apiladas, sus muebles empotrados en muros, sus telas cosidas con cabello humano, trabajan el cuerpo ausente, el cuerpo que la violencia del conflicto armado colombiano borro. Salcedo no documenta la violencia; construye objetos que guardan la memoria corporal de los desaparecidos con una precision casi forense. En Atrabiliarios, zapatos de mujeres desaparecidas empotrados en nichos sellados con vejiga animal, el cuerpo esta presente como huella material: el zapato guarda la forma del pie que ya no existe.
En Brasil, el artista Artur Barrio produjo en los anos setenta sus Trouxas Ensanguentadas: bultos de tela, carne, sangre y desechos abandonados en espacios publicos de Rio de Janeiro y Belo Horizonte. En plena dictadura militar, esos paquetes que podian confundirse con restos humanos activaban en el transeunte el terror biopolitico del regimen: el miedo al cuerpo abandonado, al desaparecido, a la violencia sin nombre. Barrio usaba la ambiguedad del material para hacer visible lo que el Estado queria mantener invisible.
En Chile, la artista Lotty Rosenfeld y el Colectivo CADA, activos durante la dictadura de Pinochet, intervenian el espacio publico con acciones que ponian en riesgo literal el cuerpo del artista. En Ay Sudamerica de 1981, panfletos lanzados desde aviones sobre Santiago, el cuerpo que actua artisticamente es tambien el cuerpo que puede ser arrestado, torturado, desaparecido. La biopolitica aqui no es solo el tema de la obra: es la condicion de su produccion.
Para el artista que trabaja hoy en Latinoamerica, la biopolitica plantea una pregunta formal antes de ser etica: como representar el cuerpo en riesgo sin reproducir la logica del espectaculo que lo consume? Hay una diferencia entre hacer visible el dolor y convertirlo en imagen? Margolles, Mendieta, Salcedo y Barrio, desde estrategias distintas, demuestran que esa diferencia existe y que es posible cruzarla.